GUILLERMO OSPINA MEJÍA

TAEKWONDO

Cinturón Negro III Dan

Estudiante licenciatura en educación básica con énfasis en educación física, recreación y deportes.

Entrenador Equipo de Competencia Taekwondo del Tecnológico de Antioquia.

«El Taekwondo me enseño, que no existe un No Puedo o un No Soy Capaz.
Por esta razón, al Taekwondo le debo todo lo que soy».

Mi nombre es Guillermo Ospina Mejía, tengo 28 años, nací en la comuna 1 de Medellín en el barrio popular 1.

Mi niñez fue muy crítica al igual que la de los niños de mi época, ya que en mi barrio tuve que vivir más de 10 guerras, aproximadamente, para mí era normal tener que entrar a mi casa a las 7:00 pm, porque a las 9:00 p.m. iniciaban los tiroteos, que no cesaban hasta las 4:00 am; durante estas 7 horas solo me quedaba rezar para que una bala no entrara en la casa, o un petardo o granada no terminará con la vida de alguno de nuestros familiares; a pesar de las oraciones al amanecer siempre habían muertos: conocidos, desconocido y familiares; siempre había huecos en el techo y paredes; a causa de los miles de proyectiles que atravesaban todas las casas del barrio.

Siempre había que estar cambiando de rutas para llegar o salir del barrio, ya que las barreras invisibles impedían pasar por ciertos sectores dependiendo de que bandas delincuenciales estuvieran en guerra

En una situación como esta sólo teníamos dos opciones:
Si se contaba con la facilidad económica, podían mudarse de barrio, (cosa que no podía realizar ni el 1% de las familias de un barrio como este). Debido a esto solo quedaba dejarse absorber por el barrio y terminar siendo parte de una de estas bandas delincuenciales.

Afortunadamente a la edad de 12 años (ya habiendo presenciado 2 grandes guerras) conocí el Taekwondo y más que conocer este arte marcial, fue la fortuna de conocer a mi maestro Juan Carlos Muñoz, KIO, quien me inculcó valores y principios, con los cuales aprendí que la vida no sólo es lo que me enseñaba el barrio, que a través del taekwondo podía lograr construir grandes cosas y marcar la diferencia.

Hoy en día miro hacia atrás y tengo sentimientos encontrados: Sentimientos de tristeza al ver que de todos mis amigos y conocidos de la escuela, quedamos vivos pocos, ya que la mayoría murieron en estas guerras debido a que pasaron a ser parte de estas bandas delincuenciales o por qué fueron víctimas de balas perdidas. Le doy gracias a la vida por colocar en mi camino un salvavidas tan especial como lo es el Taekwondo, alejándome de los grupos delincuenciales, de las drogas, enseñándome a identificar que era bueno y que no, para mi proyecto de vida.

Hoy en día gracias al Taekwondo, logre además de ser un excelente deportista, pagar mis estudios universitarios por mi nivel técnico en esta disciplina (Beca Deportiva) y actualmente trabajo como profesor de Taekwondo y Yoga a nivel formativo y competitivo en Instituciones Universitarias y Colegios.